Seleccionar página

Hoy se cumplen 4 años de aquel 1 de Abril del año 2015 en el que se puso en marcha del Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C en España (PEAHC). El PEAHC, impulsado desde el Ministerio de Sanidad con la participación directa de la AEEH en su redacción, resolvió los problemas de acceso a tratamientos innovadores para los pacientes con hepatitis C en nuestro país. En este tiempo, a falta de una actualización de la información por parte del Ministerio, se estima que más de 130.000 personas han sido tratadas lo que supondría, siendo conservadores, que más de 125.000 pacientes se han curado de su hepatitis C.

Las cifras son de tal magnitud que no resulta fácil entender completamente el impacto que esto ha tenido sobra las vidas de estas decenas de miles de personas, y sobre el propio sistema de salud desde una perspectiva más global. Por un lado, literalmente decenas de miles de personas infectadas y enfermas de una patología crónica que produce cirrosis y cáncer de hígado, entre muchos otros problemas, se han curado en una fase precoz de la enfermedad hepática. Por otro, decenas de miles más se han curado en una fase avanzada en la que, aún eliminando el virus de la hepatitis C persiste la cirrosis hepática, pero su riesgo de desarrollar complicaciones que pongan en riesgo sus vidas se ha reducido drásticamente. Los resultados a nivel poblacional son evidentes: reducción de las indicaciones de trasplante hepático relacionadas con la hepatitis C, reducción de los ingresos hospitalarios y datos preliminares indican que también se está reduciendo con rapidez la mortalidad en estos pacientes. Es difícil encontrar en la medicina de las últimas décadas un avance científico de tal magnitud y que afecte a tantas personas.

Sin embargo este indudable éxito se ve ensombrecido por la desidia para actualizar el PEAHC exhibida por las autoridades sanitarias en los últimos dos años. España es el país occidental con una mayor proporción de su población infectada que se ha curado de la hepatitis C, pero la ausencia de desarrollo de las medidas inicialmente contempladas para promover acciones encaminadas a diagnosticar a los pacientes que desconocen que tienen hepatitis C, y ofrecerles un tratamiento curativo, pone en riesgo finalizar el trabajo que se puso en marcha en 2015, y que a corto plazo experimentemos un fenómeno de rebote en forma de: un incremento de la mortalidad de causa hepática, incidencia de cáncer de hígado e indicaciones de trasplante.

Nos encontramos en una posición privilegiada para convertirnos en el primer gran país que alcance los objetivos de eliminación de la hepatitis C establecidos por la OMS, pero para ello es preciso una estrategia nacional en materia de cribado poblacional y un abordaje específico de los denominados focos primarios, grupos vulnerables con conductas de riesgo que les confieren una elevada tasa de transmisión del virus, para poder ofrecerles un tratamiento que en la actualidad alcanza tasas de curación superiores al 98%. En ausencia de una respuesta nacional algunas CCAA han iniciado distintas medidas de intervención, en la mayoría de los casos a través del desarrollo de políticas que podríamos encuadrar dentro de estrategias de microeliminación. Otras, más ambiciosas, mediante auténticos planes de eliminación como el anunciado por Aragón o el recientemente presentado por Cantabria. Pero estas medidas, por encomiables que sean, no dejan de ser soluciones parciales que fragmentan y traen inequidad a nuestro Sistema Nacional de Salud.

Necesitamos una Estrategia de Eliminación de la Hepatitis C como la que figura en la imagen, pero no solo para Cantabria sino para España.

});